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Señal en Vivo

La sentencia contra Petro

MIGUEL CERON HURTADO

Personalmente no me gusta Gustavo Petro. Políticamente es ecléctico y administrativamente un desastre; pues gobierna a punta de sentido común y no aplica las herramientas de gerencia pública que la ley ha creado para administrar territorios.

Gustavo Petro es un hombre riesgoso para el país. Es probablemente el único que podría liderar un movimiento con proyecto político similar a los de Venezuela, Ecuador, Bolivia, Paraguay o Uruguay. Por eso hace bien la oligarquía bogotana en valerse de cualquier medio para frenarlo, ya sea con revocatoria fraudulenta o con la politización del ministerio público. En política todo vale.

Pero por muy politizada que esté la Procuraduría, los argumentos no deben ser tan descarados como los utilizados en la acusación contra el Alcalde Bogotá la semana pasada. Basta con examinar la más elemental teoría del Estado y revisar la historia universal de la educación secundaria para comprender que detrás de la acusación hay un uso indebido del cargo por parte del Procurador. Lo público nació desde el estadio del comunismo primitivo y desde que apareció el Estado, siempre estuvo en su seno. Ni el Estado esclavista, ni el Estado feudal, ni el Estado capitalista clásico, el Estado Moderno, fueron capaces de sacar lo público de su responsabilidad. Sólo ahora, con el respaldo de la doctrina neoliberal, el Estado postmoderno se atrevió a privatizar lo público para disminuir la carga contra el fisco y no arriesgar el servicio de la deuda.  Por ello, el argumento de que se pretendió monopolizar el manejo de la basura es absurdo, por cuanto el concepto de monopolización se refiere es a los bienes privados porque en la función moderna del Estado, el Estado burgués debe monopolizar los públicos.

Que hubo basuras en la calle durante tres días y con ello riesgos ambientales; entonces deben formularle cargos a casi todos los alcaldes colombianos. Que las empresas oficiales no tenía experiencia; entonces de qué vale la experiencia del Estado en el manejo de lo público durante más de dos siglos, si quienes no tienen experiencia en el manejo de esta clase de bienes son las empresas privadas y por eso es desastre en los servicios público que desde hace casi dos décadas prestan los privados.

Está bien que las elites del poder bogotano pretendan frenar a Petro con el respaldo del capitalismo internacional y el eco ampliado de la gran prensa bogotana; pero que para ello atropellen los principios fundacionales del Estado es ya una desfachatez, que permite evidenciar claramente en materia política la sentencia contra Petro.